Cuando el aire se agota y te aprietan las botas de tanto andar. Cuando la cuenta es injusta y lo que más te gusta te sabe mal. De repente el disfraz de soldado valiente te queda pintado, das un paso al frente porque son urgentes las cosas que siempre has callado. Y gritar, y gritar y cederle al coraje un lugar, y ponerle nombre al miedo y arrancarle un rayo al cielo ser feliz aunque pueda fallar. Porque un nudo en la garganta no se suelta si se aguanta, las espinas no se deben tragar. Las palabras tienen filo y a mi nadie me ha prohibido gritar. Como un perro asustado que nunca ha ladrado te sentirás, como un disco olvidado que nadie ha tocado resonaras. Porque nadie firmo con su sangre una ley que te quite el derecho de pasar al frente y mostrar los dientes soltando la voz de tu pecho. Lo que guardas dentro se ira secando con el tiempo, sácalo fuera, vale más que condenarlo a callar y gritar.
“Nos fueron convirtiendo en personas contradictorias, fuimos perdiendo la integridad. Estamos tironeados por dos fuerzas opuestas todo el tiempo y eso no nos deja avanzar. Vamos para atrás, nos hundimos en el fango. Acá hasta el más noble termina embarrado. Pero yo hasta hace unos meses sabía quién era, era Antonella Bianchi, quería ser cumplir todas mis metas, pero hoy, no sé ni quien soy. Estamos fragmentados. Somos una cosa, somos otra, somos ninguna. Y esto que dijo Kant a mí me pasó cuando era chica. Y tengo voces que me hablan en la cabeza. Unas voces me dicen que tengo que resistir con amor, con paz, con compasión. Pero hay otras voces que me dicen que tengo que actuar mal. Es una tortura vivir así, con voces superpuestas en tu cabeza, sin saber si sos leche o jugo de remolacha. Hay una parte de mí que sigue resistiendo hasta con alegría, pero hay otra parte que se quiere ir pedirle a alguien que me resetee y vivir en una burbuja. Sé cuál es la verdadera yo, cada uno sabe cuál es el verdadero uno mismo, cuál es su parte luminosa y cuál es su parte oscura. A veces hay que gritar, porque nuestra parte luminosa es también la más silenciosa, casi tímida. Entonces hay que ayudar a esa parte luminosa a que se imponga y que diga acá mando yo. Gritá, imponete, hacete oír. Mostrale a esa parte oscura quien manda, a veces hay que hacer un poco de lío. Gritá, gritá. Nadie puede callar a nuestro yo verdadero. Por más que intenten silenciarlo, por más tímido que sea, siempre está ahí. La mejor parte de uno también es la más débil, la más calladita, entonces hay que ayudarla, hay que resistir.”
Casi Ángeles.

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