“Mientras yo me desvelo por tus recuerdos, estoy segura de que vos te reís de mi credibilidad. Es inevitable ver como todo para vos ha significado no más que un juego del que ni siquiera pude participar. Te has reído en mi cara cuando, mientras me hablabas y me decías a mí lo mucho que supuestamente te importaba, estabas con una mujer que te acompañaba y cuidaba, tal como seguramente lo sigue haciendo ahora. Pensé que si alguien estaba ayudándote, si algo servía en toda esta historia que ya casi parece inventada, era mi presencia. Creía en tus palabras, en tus mensajes, en aquellas conversaciones. Tus ojos sin embargo, la miran a ella como nunca vas a mirarme a mí. Tu mirada desea hacer suyo cada pedazo de esa chica que también te mira, que también te anhela, que no tiene ni idea de cómo o quién realmente eres. Añoro que no sea así pero no puedo evitar pensar que aquella persona que me demostraste ser no fue más que un disfraz. Te estimaba demasiado, trabajaba en mi cabeza día y noche para construir el podio en el que quise premiarte. Quise estar, aunque sea tener el derecho de estar, pero ni bien supiste que sabía, me prohibiste de alguna forma saber de vos, colocaste un muro ya imposible de traspasar, construiste un lugar al que al menos mi presencia, no estaba bien vista. Y tu mundo me volvió una extraña; una rebelde sin causa a la que comenzaste a ver con otros ojos y sentir con otro corazón. Te reíste otra vez de mi cuando mis palabras buscaban abrazarte en un intento desesperado por salvar algo de la persona que conocí, a la que quise, a la que mi tiempo dediqué sin arrepentimiento alguno. Siento que nunca más voy a poder creer en cada persona que me diga que es honesta conmigo.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si queres, dejá un comentario y contame que te pareció la entrada. ▲